Joven sumiso chupa la polla dura de un maduro dominante
El chiquillo no podía resistirse a las miradas intensas del tipo mayor que siempre lo miraba con deseo cada vez que se cruzaban en el gimnasio. Un día, el maduro lo invitó a su casa con la excusa de entrenar, pero en cuanto cerró la puerta, le arrancó el jockstrap y lo empujó contra la pared, exigiendo que se arrodillara. El twink, temblando de excitación, abrió la boca y dejó que la verga gruesa del viejo le llenara la garganta, tragando saliva mientras las lágrimas le caían por el esfuerzo de aguantar el ritmo. El maduro le agarraba el pelo con fuerza, embistiendo sin piedad, disfrutando cada gemido ahogado del chiquillo. La saliva le chorreaba por la barbilla, y el sonido de sus labios apretados contra la polla dura resonaba en toda la habitación. Cuando el viejo decidió que ya había sufrido suficiente, lo tiró al suelo y lo montó como un animal, follándolo a pelo con embestidas brutales. El culo apretado del twink se contraía con cada empujón, y el maduro no podía dejar de gruñir de placer al sentir cómo su verga se hundía hasta el fondo. El chiquillo, completamente dominado, solo podía gemir y suplicar más, sintiendo cómo el calor de la corrida le llenaba el culo. Al final, el viejo se desplomó encima de él, jadeando, mientras el twink se limpiaba la boca con la mano, sonriendo satisfecho.