Mi amigo muscular se deja mamar la polla bien dura
Era la primera vez que le veía el cuerpo sudado después del gimnasio, con esos abdominales marcados que se le dibujaban bajo la camiseta mojada. No pude evitar fijarme en la tienda de campaña que le hacía el pantalón ajustado, así que le solté un comentario picante mientras me acercaba para tocarle sin rodeos. Él rio y me agarró del pelo, guiando mi boca hacia su verga palpitante que olía a sexo y a hombre sudado. Al principio fue suave, lamiendo la punta con la lengua bien plana mientras él gemía y me decía lo bien que se la chupaba. Pero cuando me empujó contra la pared y me empaló la boca con fuerza, supe que iba a ser una mamada salvaje. Me clavó la polla hasta la garganta una y otra vez, ahogándome con cada embestida hasta que me corrió un hilo de babas por la barbilla. Se corrió dentro de mi boca con un gruñido animal, llenándome la lengua de leche espesa y caliente que tragó con ansias, mientras sus caderas seguían dando tirones hasta vaciarse por completo. Después me miró con esa sonrisa de macho dominante y me dijo que nunca antes había sentido un oral tan vicioso. Yo solo sonreí con la boca aún llena de su leche, satisfecho de haberle hecho perder el control como nunca antes. La verdad es que su cuerpo de atleta y esa verga monstruosa me tenían loco desde hacía semanas, y ahora por fin podía disfrutarla sin límites.