Arab folla al efebo hasta romperle el culo
El moreno de abdomen marcado llegó con esos ojos verdes que le desnudaban la ropa interior al instante, y el efebo no pudo resistirse cuando le vio entrar con esa polla gruesa bajo el pantalón ajustado. En un segundo ya tenía las manos en su cintura, sintiendo cómo el calor del cuerpo latino le quemaba los dedos al desabrocharle el pantalón y dejar al aire esa verga palpitante que olía a hombre sudoroso y a sexo crudo. El efebo gimió cuando la boca del árabe se cerró sobre su cuello, mordisqueándole la piel mientras le masajeaba el culo con fuerza, preparándolo para la invasión que ya sentía venir. Sin perder un segundo, lo empujó contra la pared del gimnasio, le arrancó los calzoncillos de red y le escupió en el agujero, lubricando bien antes de clavarle la polla de una vez sin aviso, arrancándole un aullido de dolor mezclado con placer que le llenó la garganta. Las embestidas eran brutales, el sonido de los cuerpos chocando resonaba como un tambor mientras el efebo se agarraba a la barra del gimnasio para no caerse, con las piernas temblorosas y el culo abierto de par en par. El árabe, cada vez más salvaje, le agarraba de los huevos con una mano y le metía los dedos en la boca para que se los chupara mientras le empotraba hasta el fondo, haciendo que el efebo se corriera sin tocarse, manchando el suelo de leche espesa que le resbalaba por las piernas. Cuando por fin sacó la polla chorreante, el efebo se dio la vuelta como una puta en celo, le lamió el glande con ansia y se la tragó entera, sintiendo cómo la verga le golpeaba la garganta mientras el árabe le agarraba la cabeza con fuerza, obligándolo a tragársela hasta el fondo hasta que se corrió otra vez, esta vez dentro de su boca, dejando hilos de semen blanco colgando de sus labios inflamados. El efebo, exhausto pero satisfecho, se limpió la boca con el dorso de la mano y se dejó caer al suelo, con el culo rojo y goteando, mientras el árabe se ajustaba el pantalón con una sonrisa de satisfacción, sabiendo que esa noche el efebo volvería a buscarlo como una perra en celo.