Técnic@ informátic@ cachondo se come a mi esposa
Desde que empezó a trabajar en casa, el muy cabrón no paraba de mirarle el culo a mi mujer cada vez que se agachaba a recoger cables. Hoy la pillé con la puerta entreabierta, los pechos rebotando contra el escritorio mientras él le chupaba los pezones como un loco, la polla ya dura metida entre sus muslos llenos de sudor. Ella gimió fuerte cuando le agarró el pelo y le clavó la verga hasta el fondo, empalándola contra la pared con embestidas tan brutales que hasta los cuadros temblaban. El muy cerdo no se conformó con comérsela de perrito, sino que la volteó de un tirón y se la folló de frente, penetrándola tan hondo que mi esposa chilló con cada empujón, las tetas saltando como locas mientras él le mordisqueaba el cuello y le susurraba guarradas al oído. La saqueó sin piedad, el coño empapado goteando por todas partes, hasta que ella se corrió gritando su nombre con la boca llena de saliva y semen. Pero el muy hijo de puta no se conformó ahí: le ordenó arrodillarse en el suelo, le agarró la cabeza y se la empotró hasta la garganta, ahogándola con su leche espesa mientras le llenaba las tetas de corridas blancas. Mi mujer, exhausta pero satisfecha, se limpió la boca con el dorso de la mano y le susurró que quería más, que le encantaba que la tratara como a una puta barata. Él, con una sonrisa de superioridad, le pasó los dedos por el coño baboso y se los metió en la boca para que probara su propia creampie, mientras le recordaba que él era el único que le daba lo que realmente necesitaba.