Mexicana de culo enorme follando como una loca
La mexicana de culo prieto y redondo no podía dejar de restregarse contra la mesa de la cocina mientras él le bajaba el short de un tirón. Sus nalgas, bien firmes y llenas de curvas, brillaban bajo la luz del amanecer cuando él le metió dos dedos en el coño empapado sin aviso. Ella soltó un gemido ronco y se arqueó hacia atrás, ofreciéndole ese culito que pedía a gritos ser empotrado sin piedad. Él no perdió el tiempo, se sacó la polla dura como una piedra y se la enterró hasta la empuñadura en dos embestidas brutales que la dejaron sin aire. El sonido de sus nalgas chocando contra su pelvis resonaba por toda la casa mientras ella gritaba que no podía más, pero sus caderas no mentían: seguía moviéndose como una perra en celo. Le encantaba que le metiera el tronco completo, que le hiciera sentir cada vena y cada centímetro de carne palpitante dentro de su coño chorreante. Cada vez que él la embestía desde atrás, su culo temblaba y sus gemidos se volvían más agudos, como si el placer la estuviera partiendo en dos. Él le agarró el pelo con fuerza, tiró de su cabeza hacia atrás y le susurró al oído que era una puta muy necesitada, que solo servía para que la llenaran de leche caliente. Ella se corrió con un espasmo que le hizo contraer el coño como un torno, apretando su verga hasta que él no pudo aguantarse más y se vació dentro de ella con gruñidos animales. El semen le resbaló por las piernas mientras ella se dejaba caer sobre la mesa, jadeando y con el coño tan mojado que goteaba en el suelo. Él le dio una palmada en el culo, le ordenó que se quedara quieta y le dijo que ahora le tocaba a ella chuparle la polla hasta dejarla limpia, pero ella solo pudo reírse entrecortadamente mientras le suplicaba que no parara.