Rubia madura contrata bbw en plan salvaje
La rubia de curvas explosivas llevaba días coqueteando con miradas de reojo mientras yo trabajaba en la oficina de al lado. Llevaba un vestido ajustado que dejaba poco a la imaginación, con esos muslos redondos que se le marcaban cada vez que cruzaba las piernas y ese escote generoso que amenazaba con reventar la tela en cualquier momento. Cuando por fin se acercó con esa sonrisa pícara de quien ya sabe lo que quiere, no perdió tiempo en rodear mi cintura con sus piernas musculosas y pegar su coño empapado contra mi entrepierna. Sentí su aliento caliente en el cuello mientras sus uñas afiladas me arañaban la espalda al arrancarme los pantalones y dejar mi verga dura como el acero al aire libre. Ella se agachó de inmediato, con esa boca carnosa bien abierta, y se tragó mi polla hasta la garganta sin dudar, chupando con una maestría que me hizo gemir como un animal. Pero no se conformó con eso: me empujó contra la mesa, me subió el vestido hasta la cintura y se sentó encima de mí con un movimiento brusco, empalándose en mi verga mientras gritaba que quería sentirme hasta el fondo. Sus tetas grandes rebotaban al ritmo de sus caderas, que se movían con una fuerza increíble, apretando su coño mojado alrededor de mi eje como si no hubiera mañana. Yo no podía aguantar más: le agarré el culo firme y la empotré contra la pared, embistiéndola con dureza mientras ella clavaba sus dientes en mi hombro y se corría con espasmos que le sacudían todo el cuerpo. La dejé exhausta sobre el sofá, con las piernas temblorosas y los labios rojos por los besos, pero aún con ganas de más cuando le lamí el coño chorreante y le susurré al oído que esto solo era el principio.