Viejo gordo empotra a universitaria de coño rosado
Esa niña de la uni llegó a su departamento con el culo bien prieto y el short ajustado que no dejaba nada a la imaginación. El viejo gordo con la panza colgando y la verga más dura que un fierro la esperaba recostado en el sofá, chupando un trago de whisky mientras le susurraba cosas sucias al oído. Ella, sin pensarlo dos veces, se subió encima de él con las tetas rebotando y el coño rosado ya bien mojado, listo para recibir cada centímetro de esa bestia. El tipo la agarró por la cintura con sus manos regordetas y la empotró contra la pared, haciendo que los gemidos de la chica resonaran por todo el edificio. La polla gruesa y venosa le abría el coño como si fuera mantequilla, metiéndosela hasta el fondo mientras ella no paraba de gritar y le pedía más fuerte. El sudor le corría por la espalda al viejo, que no podía creer la suerte de tener a una universitaria tan caliente dejándose usar de esa manera. Él le apretaba las nalgas con fuerza, hundiendo los dedos en esa carne prieta mientras la embestía sin piedad, sintiendo cómo el coño apretado de la chica se contraía cada vez que se corría un poco. La chica, con los ojos en blanco y la boca abierta, no podía contener los gemidos que salían de su garganta mientras el viejo le llenaba el coño con leche espesa, dejando sus muslos bien marcados de corrida. El viejo, jadeando como un animal, le dio un último empujón profundo antes de derrumbarse contra el sofá, agotado pero más que satisfecho. Ella, con las piernas temblorosas y el coño chorreando, se dejó caer sobre su panza sudorosa, suspirando mientras él le mordisqueaba el cuello con los pocos dientes que le quedaban.