Padrastro goza viendo a su hijastra mamársela
La hijastra rubia no para de mirarlo con esos labios carnosos y esa mirada de puta que lo vuelve loco, sabiendo perfectamente lo que quiere hacerle desde que entró con ese short ajustado que le marca el culo prieto. Él, sin poder resistirse, se sienta en el sofá con la verga ya dura como un fierro mientras ella se acerca con paso de zorra en celo, mordiéndose el labio inferior y jugando con los tirantes de su top fino. Sin perder ni un segundo, se arrodilla frente a él y le agarra la polla con ambas manos, sintiendo cómo el calor de su aliento le eriza la piel mientras le pasa la lengua por el glande, lamiéndolo con gemidos ahogados que le hacen temblar las pelotas. La muy puta no se conforma con chupársela suave, sino que se la mete hasta el fondo de la garganta, ahogándose un poco pero sin dejar de mover la cabeza como una loca, con los ojos llorosos de tanto esfuerzo y saliva resbalando por su barbilla. Él le sujeta la cabeza con fuerza, empotrando su verga hasta que ella tiene que apartarse jadeando, con la boca llena de babas y los labios hinchados. Pero no se queda ahí, la muy zorra se sube encima de él a horcajadas, clavándose la polla en el coño empapado mientras se agarra a sus hombros y empieza a cabalgarlo como una posesa, con sus tetas rebotando sin control y los gritos de placer saliendo de su garganta como si no hubiera mañana. Él le agarra el culo duro, apretando esas nalgas firmes mientras la embiste desde abajo con movimientos brutales, haciendo que el sofá cruja bajo su peso y el sonido de sus cuerpos chocando se mezcle con los gemidos de ella, que no para de repetir su nombre mientras el sudor le resbala por la espalda. Cuando siente que el orgasmo está cerca, él la tumba boca arriba en el suelo, se le sube encima y le abre las piernas bien abiertas para empalarla con fuerza, sintiendo cómo su coño se contrae alrededor de su verga al correrse mientras le muerde el cuello y le escupe en la cara un chorro de leche espesa que le cae por las tetas. Ella se queda temblando, con las piernas temblorosas y la respiración entrecortada, mientras él le susurra al oído lo puta que es y lo bien que le chupa la polla, antes de dejarla tirada ahí, con las medias rotas y el coño goteando leche, pero con una sonrisa de satisfacción en la cara.