Secretarias calientes se dejan follar con locura en la oficina
El jefe llegó temprano y se encontró con las secretarias más ardientes del bufete ya desnudas sobre el escritorio, el coño empapado y los pezones duros de tanto excitación. Una de ellas, con las tetas enormes rebotando al ritmo de los empujones, le agarró la polla gruesa y se la metió hasta la garganta sin aviso, ahogándose con los gemidos mientras los jugos le resbalaban por los muslos. La otra, con el culo redondo y bien marcado, se arqueó hacia atrás ofreciéndose para que la empotrara bien fuerte contra el cristal de la ventana, donde los vecinos podían verla gritando de placer sin poder evitarlo. Él no perdió tiempo y, después de un buen masaje en el clítoris con los dedos, la penetró de golpe haciéndola chillar mientras la sujetaba por las caderas para hundirse hasta el fondo. La tercera secretaria, que ya estaba de rodillas con la boca bien abierta, se tragó toda la leche espesa que le escupió en la cara sin dejar ni una gota, lamiéndose los labios con una sonrisa pícara mientras le pedía más. Entre risas y jadeos, le hicieron un facial a la cuarta, que se corrió al sentir su propia corrida resbalando por su rostro mientras él le untaba los pechos con el semen caliente. El ambiente olía a sexo sucio, a piel mojada y a sudor, con los tacones tirados por el suelo y las medias rotas de tanto forcejeo. Cada embestida resonaba en la oficina vacía, mezclada con los sonidos húmedos de las bocas chupando, los muslos chocando y los gritos de placer que no podían contenerse. Al final, todas terminaron con el coño chorreando, las tetas llenas de semen y la ropa interior hecha trizas, pero satisfechas de haberle dado al jefe lo que tanto anhelaba. La oficina ya no sería la misma después de ese día, porque el desmadre dejó huellas de lujuria por todos lados, desde el teclado hasta el suelo de mármol.