Esposa latina voraz se corre en taxi callejero
La morena llevaba días imaginando cómo sería montárselo con ese taxista buenorro que siempre le echaba miraditas mientras le cobraba la carrera... Aquella tarde, cuando su marido se fue a trabajar, no lo pensó dos veces: se subió al auto con el tipo y le soltó sin rodeos que quería que le empotrara hasta dejarla sin aliento. El conductor, con la polla ya dura como una piedra, no necesitó más invitación para arrancarle el vestido y empezar a chuparle los pezones mientras le metía dos dedos en el coño empapado. Ella gimió fuerte, agarrándose a su nuca y pidiendo más a gritos, así que el tipo la tumbó sobre el asiento trasero y, sin perder tiempo, se la clavó de golpe desde atrás, sintiendo cómo su culo prieto se le ceñía mientras le azotaba las nalgas con fuerza. La mujer, loca de lujuria, se dio la vuelta en un santiamén y se sentó encima de él a horcajadas, cabalgándolo con desesperación mientras él le mordisqueaba los labios y le apretaba las tetas con ansia. Entre jadeos y gemidos, el taxista le escupió en los dedos para humedecerle el culo y se lo metió por detrás sin piedad, haciendo que la esposa gritara como una puta desatada mientras se corría a chorros por toda su verga. Para rematar la faena, el tipo la empujó contra la puerta del auto y, agarraándola de las caderas, le metió la polla hasta el fondo en posición de perrito, embistiéndola con tanta rabia que ella acabó escupiendo leche caliente por la boca entre gritos de placer y un orgasmo que le dejó las piernas temblando. Entre risas y sudores, la latina se limpió la comisura de los labios con el dorso de la mano, dejó caer un billete sobre el asiento y salió del taxi con las medias rotas y el coño más mojado que nunca, lista para repetir la jugada cuando se le antojara.