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La rubia nunca se cansa de correrse con la polla

6:51 720P 8 Corridas
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Estúdio isissun
Atores Isis SunAlan

Desde que la vio por primera vez en el bar con ese vestido ajustado que le marcaba el culo prieto, él supo que esa rubia no era como las demás. No necesitó más que un par de copas para que ella le agarrara del brazo y le susurrara al oído que quería que le metiera la polla hasta el fondo en su coño bien mojado. La llevó a su departamento de una vez, donde en cuanto cerró la puerta, ella se quitó el sujetador y se arqueó hacia atrás dejando que sus tetas pequeñas pero firmes se balancearan al ritmo de lo que venía. Él no perdió tiempo y se lanzó a chuparle los pezones duros como piedras mientras con una mano le metía los dedos en el coño empapado, sintiendo cómo su jugo le resbalaba por los dedos. Ella gimió fuerte, le agarró la cabeza y le obligó a bajar hasta su entrepierna, donde su lengua ágil le lamió el clítoris inflamado hasta que la rubia empezó a temblar de placer. Pero él no se conformó con eso, la volteó contra la pared y con un empujón la dejó con el culo en pompa, listo para recibirlas empotradas. Ella, sin perder ni un segundo, se agachó un poco más para ofrecerle mejor acceso y dejó escapar un gemido ronco cuando sintió cómo su verga enorme le abría el coño de par en par. Las embestidas fueron brutales, cada golpe de cadera le hacía rebotar las tetas y le dejaba el culo rojo, resbaladizo de tanto sudor. Él le agarró las nalgas bien abiertas y se la folló como un animal, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de su polla cada vez que ella se corría, con chorros de leche saliéndole por los labios hinchados de tanto chupar. Cuando él sintió que no podía aguantar más, sacó la polla de un tirón y se la metió en la boca para que tragara hasta la última gota de su leche espesa, mientras ella le miraba con los ojos vidriosos de tanto placer y se limpiaba los restos que le escurrían por la barbilla. Al final, ella se dejó caer en el sofá, exhausta pero satisfecha, con el coño palpitante y el culo marcado por sus manos, mientras él le susurraba que la próxima vez quería probar algo aún más sucio.

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