Tres morenas se corren en orgía de gomitas
Las tres morenas llevaban horas tomando shots de licor en la sala mientras se tocaban sin pudor, los pezones duros asomándose bajo las camisetas ajustadas. Cuando él entró con la bandeja de gomitas rojas, una le agarró la polla al vuelo y se la empezó a masajear con los dedos resbalosos de azúcar, mientras las otras dos se lamían los labios. En menos de un minuto ya le estaban quitando el pantalón a tirones, dejando al descubierto esa verga gruesa que tanto les gustaba morder. Una se arrodilló en el suelo de madera y se la metió hasta la garganta sin aviso, ahogándose un poco pero sin soltar ni un quejido, chupando con tanta fuerza que él tuvo que agarrarle la cabeza para no perder el equilibrio. La otra le abrió las piernas a su amiga y se le puso a lamerle el coño empapado como si fuera un postre, hundiendo la lengua hasta el fondo y haciendo que la primera gimiera con los ojos en blanco. Él no pudo resistirse más y la empujó contra el sofá, metiéndosela hasta las bolas en un solo empujón que dejó a la morena con la boca abierta y los muslos temblorosos. La tercera, que hasta entonces solo observaba con los dedos en su propio coño, se acercó y le agarró los huevos para apretarlos mientras le susurraban obscenidades al oído. La que estaba siendo empalada por detrás no paraba de gritar que se corría, con el coño chorreando sobre el cuero del sofá, pero él no aflojó ni un segundo, embistiéndola cada vez más fuerte mientras le mordisqueaba el cuello sudado. La que le hacía un oral perfecto le pidió que se corriera en su boca, y él, sin dudarlo, le llenó la garganta hasta que ella tragó con avidez cada gota espesa, limpiándole hasta el último resto con la lengua. Las tres quedaron tiradas en el suelo, jadeantes, con las tetas pequeñas apretadas contra el pecho y las piernas abiertas mostrando sus coños bien lamidos y los culos rojos de tanto follar.