Rubia caliente recibe diez corridas seguidas en la boca
La pequeña zorra se arrodilla con una sonrisa pícara mientras le baja los pantalones al viejo verde, dejando al aire esa polla gruesa y venosa que tanto le gusta chupar. Le agarra los huevos bien prietos con los dedos y se los masajea antes de lamerle el tronco de arriba abajo, saboreando cada vena palpitante. El viejo no aguanta más, le empuja la cabeza contra su regazo y le clava la verga hasta la garganta, haciéndola toser mientras le escupe saliva por la comisura de los labios. Ella se ahoga pero no se queja, solo abre más la boca y deja que le llene la lengua de leche espesa, caliente y salada, que le resbala por la barbilla sin que pueda tragarla toda. Entre gemido y gemido, el viejo le agarra de los mechones rubios y la obliga a tragar, sintiendo cómo le late el corazón en la polla cada vez que ella se la mete hasta el fondo. La muy puta no para ni un segundo, sigue chupando aunque ya tiene la boca llena, tragando con dificultad mientras le aprieta los muslos para que no se escape. Cuando el viejo siente que va a correrse otra vez, le clava las uñas en las caderas y la obliga a ponerse a cuatro patas, abriéndole el coño empapado con los dedos para que le vea lo mojada que está. Le empotra la polla hasta el útero sin piedad, haciendo que la chica grite mientras el semen le resbala por las piernas en chorros gruesos y blancos. Diez veces seguidas, sin parar, hasta que el viejo se queda sin fuerzas y la zorra se cae al suelo exhausta, con la cara blanca de semen y los muslos pegajosos de leche hasta los tobillos.