Mujer rubia traga polla y leche hasta ahogarse
La morena de piernas largas y piel de porcelana se relamía los labios carnosos y rosados mientras le miraba la verga gruesa y palpitante con los ojos brillantes de lujuria. Él le agarró la nuca con fuerza y se la clavó hasta la garganta, haciéndola toser y babear mientras los ojos se le humedecían de placer y asfixia. La muy putita gemía con la boca bien abierta, sintiendo cómo la polla le rozaba el paladar y la campanilla, mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas. Él no tenía piedad y le embestía la garganta con movimientos lentos y profundos, sintiendo cómo su aliento se cortaba y el coño le chorreaba de excitación. Ella se aferraba a sus muslos musculosos, arañándole sin querer mientras el sabor a leche y sudor le inundaba la boca. Poco a poco, la chupaba con más fuerza, chupando el glande hinchado y lamiendo las venas que le latían bajo la piel suave. Cuando él le agarró el pelo y se la empaló sin aviso, la rubia soltó un gemido ahogado y los jugos le brotaron del coño como si la hubieran enchufado a un grifo. La polla le llegaba hasta las amígdalas, obligándola a tragar gota a gota la leche espesa que le brotaba del capullo cada vez que él le resbalaba la lengua por el tronco. Entre toses y arcadas, ella seguía chupando con desesperación, saboreando el líquido caliente que le resbalaba por la garganta mientras se le humedecían las tetas y el coño le ardía de ganas. Él, sudando como un animal en celo, le agarró la cabeza con las dos manos y se corrió en oleadas brutales, llenándole la boca hasta que ella no pudo más que tragar o ahogarse en su propia baba. Cuando por fin le soltó, la rubia se quedó con los labios entreabiertos, la cara pegajosa de leche y el pelo enredado, jadeando como si acabara de correrse ella también por lo que le había hecho sentir.