Novia latina se folla a su prometido sin remordimientos
Desde que lo conoció la rubia explosiva no podía quitárselo de la cabeza, pero el cabrón de su prometido siempre la tenía con la piel de gallina y el coño empapado cada vez que lo veía desnudo. Esa noche, entre tragos de ron y risas falsas, él se sentó en el sofá con la polla medio dura y ella no pudo resistirse: se le tiró encima como una perra en celo, clavando las uñas en sus hombros mientras le chupaba la verga hasta dejarla brillosa y bien chorreante de saliva. Él gemía como un cerdo en matadero mientras le agarraba el culo redondo y se lo apretaba con fuerza, sintiendo cómo la morena se retorcía de placer al sentir su miembro grueso abriéndole el coño sin piedad. La posición de perrito fue inevitable, ella se puso a cuatro patas sobre el tapete persa con el culo en pompa, mojando la tela al instante con sus jugos mientras él se colocaba detrás y le clavaba la polla hasta hacerla gritar. Las embestidas eran brutales, su pelvis chocaba contra sus nalgas con sonidos húmedos y obscenos que llenaban la sala, mezclados con los gritos de ella pidiendo más fuerte y su prometido maldiciendo entre dientes por lo rica que estaba. Él le agarró el pelo y le empotró la cara contra el cojín mientras le metía la verga hasta la garganta, sintiendo cómo su lengua jugaba con sus bolas antes de que ella se diera la vuelta y se montara encima de él como una diosa del sexo, cabalgando su grueso tronco con movimientos salvajes que hacían crujir la cama. La sudoración era intensa, los cuerpos pegajosos y el olor a sexo inundaba el ambiente, mientras sus gemidos se volvían más agudos y desesperados. Cuando él sintió que no podía aguantar más, la tumbó boca arriba y le abrió las piernas de par en par, hundiendo su verga hasta el fondo en su coño chorreante y corriéndose con un rugido animal, llenándola por completo mientras ella se estremecía bajo su peso, gritando su nombre con la voz rota y el coño palpitando sin parar.