Mistress europea chupa polla a su sumiso en pañal
La rubia de tetas enormes no podía aguantarse más y le soltó al pobre sumiso que tenía de rodillas: 'Abre bien esa boquita de niñito mimado y chupa mi verga como la puta que eres'. El tipo, con su cuerpo fibroso y la cara angelical llena de pecas, obedeció al instante tragando el tronco grueso hasta la garganta mientras gemía como un perro sumiso. Ella le agarraba el pelo con fuerza, empujando su cabeza contra su entrepierna hasta que la saliva le resbalaba por el mentón mientras le obligaba a lamerle los huevos con la lengua bien juguetona. El pañal apretado le marcaba el culo prieto, pero a él no le importaba nada más que obedecer cada orden mientras ella le susurraba obscenidades al oído: 'Así me gusta, zorrón, que me chupes la polla como si fuera el último día'. La humedad del aliento le mojaba los muslos y el olor a sudor mezclado con el aroma dulce de su coño se le metía en la nariz mientras aceleraba el ritmo hasta que le temblaban las piernas. De repente, ella le agarró la cabeza con las dos manos y le clavó la verga hasta el fondo de la garganta, ahogándolo en un mar de semen espeso que le resbaló por la barbilla mientras el sumiso tragaba con desesperación para no desperdiciar ni gota del néctar salado. El pobre se corrió sin poder controlar el temblor de las rodillas, con los ojos vidriosos y la verga aún dura en la boca de ella, que se limpió los labios con el dorso de la mano y soltó una risa burlona: 'Qué buen perro tienes, nena, pero la próxima vez que te corras dentro de un pañal te voy a reventar el culo a golpes de verga' antes de dejarlo tirado en el suelo, con la boca llena de leche y el pañal manchado de su propio orgasmo.