Jefa caliente me convence y me follo por mi marido
Llevaba meses viendo cómo me miraba con esos ojos de puma hambriento cada vez que iba a la oficina, pero nunca pensé que mi jefa fuera a usar su poder para chantajearme con mi ascenso. Hoy llegó a casa con ese vestido ceñido que le marca el culo prieto y esa sonrisa de perra en celo, diciéndome que solo quería hablar de mi futuro... mientras me apretaba el muslo con uñas pintadas de rojo sangre. Antes de que pudiera reaccionar, me empujó contra la mesa del comedor, me arrancó la blusa y me mordió el pezón izquierdo hasta hacerme gritar, mientras con la otra mano me sobaba la entrepierna por encima del jean mojado. "Si quieres ese aumento, cariño, tendrás que pagarlo bien", susurró mientras me bajaba la cremallera y sacaba su verga gruesa como un pulpo, con las venas marcadas y el glande morado de tanto deseo. No pude resistirme cuando me obligó a arrodillarme, a abrir bien la boca y tragarme toda su mierda con los ojos llorosos, sintiendo cómo me ahogaba con cada embestida en la garganta mientras gemía como una puta cualquiera. Luego me tiró al suelo, me abrió las piernas de un empujón y me empaló con ese rabo grueso que me abrió el coño hasta dejarme sin aliento, sintiendo cómo cada embestida me llegaba al útero mientras mi marido observaba todo desde el sofá, con la polla dura en la mano y la cara roja de excitación y vergüenza. La jefa me montó como a una yegua en celo, con las tetas rebotando y los labios mordidos hasta sangrar, mientras yo gritaba que me corría, que no aguantaba más, que ese coño mío estaba hecho para recibirle, no para mi marido. Él no pudo resistirse y se acercó para metérmela por detrás mientras yo seguía gimiendo con la boca llena de leche del jefe, sintiendo cómo me llenaban las dos cavidades a la vez hasta que los tres nos corrimos con chorros espesos que me escurrieron por las piernas y la polla de él quedó flácida, satisfecha, mientras la jefa se limpiaba los labios con el dorso de la mano y me susurraba al oído que el próximo aumento ya era mío... si seguía portándome bien.