Dos zorras en el coche me chuparon la polla sin parar
Desde que se subieron al asiento trasero ese par de putas con tetas enormes no pararon ni un segundo, agarrando mi verga como si fuera su último trago de cerveza fría en un bar a las tres de la mañana. La morena de piel lechosa se abalanzó primero con esa boca caliente y húmeda, tragándose toda la cabeza de mi polla hasta que le tocó la campanilla, mientras la rubia de muslos prietos se quitaba el short ajustado para dejarme ver ese coño ya chorreando de las ganas que llevaba acumulando. La morena empezó a mamarla con gemidos guturales, esos labios carnosos envolviendo cada centímetro mientras la saliva le resbalaba por la barbilla, y la rubia se sentó a horcajadas sobre mis piernas abiertas, empalándose en mi pene hasta que sus nalgas chocaron con mis muslos, soltando un gritito agudo que me erizó el vello de la nuca. No hubo piedad: la morena se puso a cuatro patas en el asiento, ofreciéndome ese culo prieto y bien redondo para que le metiera hasta el fondo, mientras yo le agarraba de las caderas y se la clavaba sin piedad, haciendo que cada embestida le sacudiera los pechos que rebotaban como gelatina. La rubia, entre gemidos y maldiciones, se bajó la blusa para que le agarrara los pezones duros como piedras mientras yo la follaba sin compasión, sintiendo cómo su coño se contraía cada vez que le llegaba al fondo, empapándome los huevos con sus jugos. La morena, sin dejar de chupar, me masturbaba con la mano mientras yo le llenaba la boca de leche espesa, tragando todo sin perder el ritmo, y cuando la rubia se corrió gritando como una posesa, con los muslos temblando alrededor de mi cintura, la morena se corrió sobre mi cara, empapándome la polla y los huevos con su corrida caliente. El asiento quedó hecho un desastre de semen, saliva y fluidos, pero ninguna de las dos quitó el pie del acelerador hasta que me dejaron seco, con las tetas cubiertas de mi leche y el coño de la rubia todavía goteando cuando por fin se bajaron, jadeando y riendo como dos putas satisfechas que saben que van a volver a buscarme en cuanto se les ponga dura otra vez.