Misss Vikki se estira en mallas transparentes y enciende la tensión
En medio de la sala, con la luz del atardecer filtrándose por las cortinas, me estiré en mis mallas demasiado ajustadas y finas, sintiendo cómo el tejido se pegaba a mi piel sudorosa. Cada movimiento hacía que mi coño mojado se rozara contra el material, y aunque sabía que estaba mal, no podía evitarlo. Me puse de rodillas, arqueando la espalda para intensificar la presión, mientras mi deseo prohibido crecía. Mis pezones duros rozaban el tejido, enviando descargas de placer hasta mi clítoris hinchado. Sabía que alguien podría entrar en cualquier momento, pero eso solo me excitaba más. Deslicé mis manos por mis muslos, imaginando que eran las de otro, y gemí suavemente al sentir cómo mi coño palpitaba. Me mordí el labio, conteniendo los jadeos, mientras mis dedos se acercaban a mi entrada húmeda. Justo cuando iba a tocarme, la puerta se abrió de golpe y lo vi allí, mirándome con esa mirada hambrienta que siempre me hace perder la cabeza. No dijo nada, pero se acercó, desabrochándose el pantalón sin prisa. Sabía que esto estaba mal, pero mi cuerpo lo anhelaba demasiado. Sin pensarlo, me incliné hacia adelante, ofreciéndole mi culo redondo y firme. Él no perdió tiempo y, de una estocada, me penetró hasta que sus caderas chocaron contra mi trasero. Grité, sintiendo cómo su polla gruesa me llenaba por completo, y moví las caderas para ajustarme a su ritmo. Cada embestida me acercaba más al borde, y cuando sus dedos encontraron mi clítoris, supe que no aguantaría mucho más. Arqueé la espalda, apretando los músculos alrededor de su verga, y sentí cómo su semen caliente me inundaba mientras me corría con un gemido ahogado. Todo se volvió blanco por un momento, y entonces...