Me la chupó de rodillas la mujer de mi cuñado mientras él trabajaba
El salón estaba en silencio, solo se escuchaba el tictac del reloj sobre la mesa y mis jadeos contenidos mientras la esposa de mi cuñado se arrodillaba frente a mi polla dura, con esos labios carnosos que sabían justo cómo chupar. Le ordené que se quitara ese tanga de encaje que le apretaba el culo perfecto y que me mirara mientras me la mamaba, para que supiera que era yo quien mandaba. La muy puta obedeció enseguida, pasando la lengua por el glande como si fuera un helado, gimiendo cada vez que mis manos le apretaban las tetas grandes. No le dejé tocarse, solo podía chupar y tragar, mientras yo le agarraba el pelo y la movía al ritmo que me daba la gana. Cuando ya no aguanté más, la obligué a ponerse de culo en alto sobre el sofá, con esas nalgas tremendas temblando, y le metí la verga de una estocada hasta que gritó de placer. La follé como a una perra sumisa, empujando sin parar mientras ella suplicaba que no me detuviera, y cuando al fin me corrí, dejé mi leche caliente en lo más profundo de su concha hambrienta. Después, solo quedó el olor a sexo y ese tanga rasgado en el suelo, entre sus muslos mojados.