María se corre gritando con la polla de Vlad en primer plano
María llevaba semanas mordiéndose el labio cada vez que Vlad se quitaba la camisa en casa, pero hoy no hubo más miradas robadas: él la agarró de la cintura y la empujó contra la mesa del comedor, donde los platos temblaron al chocar con su culo apretado. La falda de encaje negro se le subió hasta la cintura al instante, dejando al descubierto unas bragas de algodón blanco que ya estaban empapadas antes de que sus dedos rozaran el coño depilado. Vlad no perdió el tiempo: se bajó la cremallera del pantalón y sacó su gruesa verga sin circuncidar, que brillaba con un líquido preseminal mientras él le susurraba al oído lo que le iba a hacer. María gimió cuando la cabeza de su polla rozó el clítoris hinchado, pero no pudo articular palabra porque Vlad le tapó la boca con su mano mientras la embestía por detrás, penetrándola con tanto ímpetu que sus tetas se sacudían como gelatina bajo la blusa de seda que apenas le cubría los pezones duros. El sonido húmedo de sus cuerpos al chocar llenó la habitación, mezclado con los jadeos entrecortados de ella y los gruñidos guturales de él, que cada vez que la empotraba más adentro le decía lo buena que era su conejita mojada. María no pudo aguantar más: sintió cómo su coño se contraía alrededor de la verga de Vlad, que en ese momento aceleró las embestidas hasta que sintió cómo su leche caliente le bombardeaba el útero, resbalando por sus muslos hasta mancharle las bragas y el vello recortado de la entrepierna. Los dos se quedaron jadeando, sudorosos y pegajosos, con los cuerpos pegados mientras él le acariciaba el pelo y ella le mordisqueaba el hombro, saboreando el sudor y el semen que aún goteaba de su coño bien follado.