Chupada de polla cachonda por morrita en casa
La chiquilla llegó con esa sonrisa pícara y los labios bien rojos, mordisqueando su labio inferior mientras se quitaba la camiseta ajustada dejando ver sus tetas pequeñas pero duras como dos uvas maduras. Él no pudo resistirse y en cuanto la tuvo cerca, le agarró la nuca con fuerza clavando su polla ya dura como un palo entre sus labios entreabiertos, sintiendo cómo el calor de su aliento le erizaba el vello de la espalda. Ella, sin pensarlo dos veces, se la metió hasta el fondo de la garganta mientras sus ojos se le llenaban de lágrimas por el esfuerzo, pero no se detuvo, jadeando con cada arcada mientras sus tetitas bailaban al compás de los embistes que le daba entre los pechos. Con una mano le masajeaba los huevos apretados y con la otra le acariciaba el culo prieto, notando cómo se le humedecían los muslos al sentir cómo la saliva le resbalaba por el coño depilado. Cuando él gruñó y empezó a correrse, ella abrió bien la boca esperando el primer chorro caliente y espeso que le salpicó la lengua y el paladar, tragando cada gota con ansias mientras su coño se le ponía rojo de la excitación. Él se corrió tan fuerte que le dejó la cara llena de semen pegajoso, gotas que le resbalaban por la mejilla mientras ella lamía con la lengua cada rastro del líquido blanco que le caía por el mentón. Después, jadeando, se limpió con los dedos y se los llevó a la boca chupando con deleite cada resto, mirándolo con esos ojos brillantes de lujuria mientras le susurraba al oído lo mucho que le encantaba tragar hasta la última gota. Él le apretó las nalgas con fuerza y le susurró que era una puta muy buena chupando pollas, mientras ella gemía y se frotaba contra su pierna sintiendo cómo el coño le ardía de lo mojada que estaba. La escena terminó con ella de rodillas en el suelo, con la polla aún goteando semen, limpiando cada centímetro con la lengua mientras él le tiraba del pelo y le ordenaba no desperdiciar ni una gota. Se corrió otra vez, esta vez directo en su boca entreabierta, y ella tragó con avidez mientras sus jugos le resbalaban por los muslos dejando un charquito en el suelo de madera.