Vanessa Lane con el culo y la boca bien reventados
Vanessa llevaba días mandando miraditas de esas que queman la ropa mientras se lamería los labios frente a él, con esos teticos apretados rebotando bajo el top ajustado que no dejaba nada a la imaginación. Él no aguantó más y la agarró del pelo cuando ella se acercó con esa sonrisa de puta que sabe que va a dejarlo sin aliento, clavando su polla bien dura contra su boca antes de que pudiera siquiera jadear. Vanessa no se hizo de rogar, se la tragó hasta la garganta mientras sus tetas rebotaban salvajes, los pezones duros como piedras y el coño empapado goteando sobre el sofá donde sus rodillas casi se le doblaban. Él la empujó contra la pared y le arrancó el tanga de un tirón, sintiendo ese culito prieto temblar cuando la empotró sin piedad desde atrás, sus gemidos ahogados en la almohada mientras la polla le abría el coño como una lima caliente. Cada embestida le sacaba un gritito agudo, sus uñas arañando el papel pintado mientras el lubricante natural le chorreaba por los muslos al ritmo de los golpes brutales que le clavaban hasta el fondo. Vanessa se corrió gritando su nombre, con la boca llena de verga y el coño chorreando leche, pero él no aflojó ni un segundo, le dio la vuelta y se la volvió a empalar boca arriba, esta vez con las piernas sobre sus hombros para clavársela hasta las entrañas. Los sonidos húmedos de carne contra carne resonaban en el cuarto mientras ella se dejaba hacer, los muslos temblorosos y el coño tan abierto que hasta él se maravilló al verlo brillar bajo la luz de la lámpara. Cuando por fin se corrió otra vez, esta vez dentro de su garganta, Vanessa quedó tirada en el suelo, con la boca roja y el culo enrojecido de tanto golpe, pero con una sonrisa de oreja a oreja que decía que volvería a pedir más.