Madrastra deja follar a hijastras con vecino sinvergüenza
La madrastra llevaba meses ignorando los rumores que corrían por el barrio sobre cómo el vecino más caliente de la cuadra se la pasaba espiando a sus hijastras cuando salían a la piscina. Pero hoy no pudo resistirse cuando lo escuchó gemir fuerte desde el jardín mientras las chicas se reían sin ropa. Con un solo vistazo a sus tetas bien grandes y su culo redondo, la madrastra supo que no iba a detener lo que venía. El vecino, con esa polla enorme que siempre escondía bajo los pantalones ajustados, no perdió tiempo y las agarró a las dos por la cintura antes de que pudieran reaccionar. La mayor, morena de pelo largo, se dejó caer de espaldas sobre la mesa del comedor mientras el tipo le arrancaba el tanga con los dientes y le metía los dedos en el coño empapado de un solo empujón. La menor, rubia y con las tetas más naturales que había visto en su vida, no pudo evitar abrir las piernas cuando el vecino le lamió los pezones duros como piedras mientras le susurraba al oído que era una puta muy necesitada. Entre gemidos y embestidas brutales, las dos hermanas terminaron montándose en la polla del hombre al mismo tiempo, una cabalgando de frente con los muslos temblando y la otra empalada por detrás con el culo bien abierto para que no le perdiera ni un centímetro. La madrastra, lejos de enojarse, se quitó el vestido y se arrodilló frente a ellas para chuparle los huevos al tipo mientras las hijastras se corrían una y otra vez gimiendo como locas. Cuando el vecino no pudo aguantar más, les llenó la boca a las tres con su leche espesa, primero a la madrastra que tragó todo sin dejar ni una gota, luego a la mayor que se atragantó pero siguió mamando hasta el final, y finalmente a la menor que escupió un poco pero terminó lamiéndose los labios satisfecha. El desastre quedó claro: las sábanas manchadas, el coño de todas bien usado y el olor a sexo flotando en el aire. Nadie dijo nada al día siguiente, pero todos sabían que la madrastra ya no pondría objeciones si el vecino volvía a pasar por ahí con esa verga que las tenía a todas locas.