La estudiante Sophi B deja que Jorge le reviente el culo como a una colegiala traviesa
Ese día después de clases, con el uniforme arrugado de tanto moverse, te voy a contar cómo me dejé empotrar contra la pared mientras Jorge me apretaba los muslos hasta dejarme marcas rojas. ¿Te gustaría estar en su lugar, viendo cómo me enrojecían los cachetes del culo cada vez que me metía la polla hasta las pelotas? Él me ordenó que me agachara y me quedara quieta, pero no pude evitar gemir como una perra en celo cuando empezó a embestirme con fuerza, haciendo que mis calcetines se mojarán con cada chasquido de sus caderas. Me obligó a mirarlo a los ojos mientras me follaba, humillándome porque yo solo era una chica buena a la que le estaban enseñando lo que era el verdadero placer. Sentía cómo cada estocada me llenaba por completo, hasta que sus dedos se clavaron en mis nalgas y me hizo correrme sin permiso, dejando mi coño temblando y mi ropa interior tirada en el suelo. El sabor de su corrida en mi boca fue la última orden que obedecí, y ahora solo queda el olor a sexo y el rastro de sus dedos en mi piel.