La brasileña Luana Axe me pide todo en la cama y lo hace todo
Esa tarde en mi apartamento, Luana Axe cruzó la puerta con su culo perfecto apretado en un short que apenas cubría nada. Llevábamos días mirándonos en el gimnasio, intercambiando sonrisas cargadas de tensión, hasta que ya no aguanté más. La empujé contra la pared y le arranqué el short de un tirón, dejando su coño mojado al descubierto. Mi polla ya estaba dura como piedra cuando me arrodillé para chuparle ese culito redondo antes de empotrarla contra el sofá. La penetré de una estocada hasta hacerle gemir, sintiendo cómo su concha apretaba mi verga como un guante. La volteé para meterla en cuatro patas y azotarle el trasero mientras le metía los dedos en la boca. Cada vez que me clavaba hasta las pelotas, ella gritaba pidiendo más, su cuerpo temblando de placer. Cuando me corrí dentro de ella, Luana se quedó mirando al techo, pensando que nunca había sentido algo tan intenso en su vida.