Kate la ucraniana te deja sin aliento con su cuerpo eslavo
Te la encuentras en el bar, esa mirada verde que te ha estado volviendo loco toda la semana, el vestido ajustado que apenas contiene sus tetas firmes y ese culo redondo que te mueres por agarrar. Llevas días imaginando cómo sería tocarla, cómo sonaría su voz gimiendo tu nombre, pero hoy no hay excusas: la arrinconas contra la pared, sientes su respiración acelerada cuando le muerdes el cuello, y ya no hay vuelta atrás. Tus manos bajan por su espalda hasta ese culo perfecto, lo aprietas con fuerza mientras ella se frota contra tu polla dura, mojada de anticipación. La levantas de golpe, sus piernas se enroscan en tu cintura y te la metes de una estocada, sintiendo cómo su coño apretado te envuelve hasta las pelotas. Cada embestida la hace gemir más fuerte, sus uñas se clavan en tus hombros mientras te pide que la folles más duro, que no pares, que la hagas correrse como nunca. La llevas hasta el sofá, la pones de rodillas y te la chupas con avidez, sintiendo cómo su lengua juega con tu punta antes de tragarte entero. Cuando ya no aguanta más, la empotras contra el respaldo, sus tetas rebotan con cada embiste, y cuando por fin te corres dentro de ella, le susurras al oído: "Ahora sí sabes quién manda aquí, puta."