Julieth me pide que le llene el culo de leche caliente
El olor a sudor y lujuria flotaba en el aire cuando te la encontraste en el sofá, con esa mirada de puta hambrienta que te volvía loco desde hacía semanas. Julieth llevaba días rozando tu polla con disimulo, mordiéndose los labios cada vez que pasabas junto a ella, y ahora que por fin estaban solos, no aguantó más: te agarró la verga con sus manos pequeñas y te la metió hasta las pelotas en su boca mojada. Sientes cómo te chupa con desesperación, ahogando gemidos mientras te mira con esos ojos de zorra que te encienden, pero no te conformas con eso. La empujas contra la pared, le levantas el vestido y le hundes los dedos en el coño chorreando, sintiendo cómo se retuerce de placer cuando le muerdes el cuello. No puedes esperar más: la giras de golpe, le separas las nalgas y le empotras la polla gruesa en el culo apretado, escuchando cómo grita de dolor y placer mientras te la follas a fondo. Cada embestida la hace gemir más fuerte, y cuando sientes que ya no aguantas, la agarras del pelo y le descargas toda la leche en el culo, llenándola hasta que te la sacas y le ves correr por sus muslos. El calor de su culo alrededor de tu verga es lo último que recuerdas antes de que todo se vuelva blanco.