Juego erótico donde me corren la polla hasta el cuello del útero
El sonido de mi respiración agitada rebota en las paredes de mi habitación mientras mis dedos se deslizan por la pantalla táctil, siguiendo cada movimiento de este juego prohibido que no debería estar jugando. Pero aquí estoy, con el coño ya mojado, imaginando que soy la protagonista mientras el tipo del juego me empotra contra la pared, sus manos ásperas marcando mi piel. Sé que esto está mal, que no debería excitarme tanto con un juego, pero no puedo evitarlo: cada gemido que sale de mi boca es real, cada contracción de mi coño es por él, aunque sea solo una fantasía. Mis dedos se mueven más rápido, imitando el ritmo de sus embestidas, sintiendo cómo mi clítoris palpita con cada roce. El juego muestra su polla entrando y saliendo de mi boca virtual, y en la realidad, mis labios se entreabren como si la sintiera de verdad, babosa y caliente. No puedo parar, aunque sé que debería. El calor me quema por dentro, y cuando el tipo del juego me agarra del pelo y me obliga a mirarlo mientras se corre, yo también me corro, gimiendo su nombre como si fuera real. Al terminar, solo queda el eco de mi respiración y una voz susurrando: '¿Volverás a jugar conmigo, puta?'