Jóvenes universitarios follando en los vestuarios del gimnasio
La primera vez que lo vi, supe que estaba jugando conmigo: se quitó la camiseta mojada después de correr en la cinta, dejando al descubierto esos abdominales marcados y el vello que bajaba hasta la cinturilla de su pantalón. Me rozó el brazo al pasar, solo para ver cómo me ponía duro, y luego me mandó una foto de su polla medio erecta en los mensajes mientras los demás se duchaban. Cuando al fin entré al vestuario, ya estaba desnudo en el banco, acariciándose lentamente, los muslos abiertos para que viera lo mojado que tenía el culo. No aguanté más: me tiré sobre él de golpe, clavándole la verga hasta que los huevos chocaron contra su ano dilatado. Lo empotré contra el banco, agarrándole las nalgas para abrirlo más mientras gemía y pedía que le llenara el culo. Cada embestida hacía que el sudor le escurriera por el pecho, y cuando me corría, le llené el agujero hasta que le brotó por los muslos. No hubo tiempo para limpiarse: lo dejé temblando, la leche goteando entre sus piernas mientras los demás aún ni imaginaban lo que acababa de pasar.