Femboy y su madrastra frotándose las pollas como pervertidos
Las manos de Karabella temblaban mientras acariciaba la polla dura de Bubblz, sintiendo el calor de esa verga trans en su palma mientras ella gemía bajito, sintiendo como su propia pollita se ponía más dura con cada roce. El riesgo de ser pillados por el padre de ella en cualquier momento hacía que los dos sudaran más, que los jadeos salieran más entrecortados, que los dedos de Karabella se clavaran con más fuerza en los hombros de Bubblz mientras las dos pollas se frotaban una contra la otra, dejando un rastro pegajoso entre sus cuerpos. Bubblz, con ese culo firme que se movía al ritmo de los movimientos, mordía su labio inferior para ahogar los gemidos, pero el sonido del líquido pre-cum que escapaba de sus vergas no podía contenerse, y el olor a sexo en el aire era tan fuerte que casi los mareaba. Las manos de Karabella bajaron hasta las pelotas de Bubblz, apretándolas con suavidad antes de volver a subir, trazando círculos con los pulgares sobre las cabezas sensibles, haciendo que Bubblz arqueara la espalda y sus pezones rosados se pusieran duros como piedras. El peligro de que alguien entrara en esa habitación los ponía más calientes, y cada vez que escuchaban un ruido lejano en la casa, sus cuerpos se tensaban, sus pollas latían con más fuerza, y sus respiraciones se volvían más agitadas. Karabella, con los ojos vidriosos de placer y el pelo rubio pegado a la frente por el sudor, aceleró el ritmo, frotando las dos vergas con más fuerza, sintiendo como el semen subía por sus troncos, listo para explotar. Bubblz, con las uñas clavadas en la espalda de Karabella, arqueó el cuello hacia atrás y soltó un gemido ahogado justo cuando los dos se corrieron, dejando un charco blanco y espeso entre sus vientres, que brillaba bajo la luz tenue de la lámpara. Al terminar, un preservativo usado quedó tirado en la alfombra junto a las ropas revueltas, como prueba del peligroso encuentro.