Ella sabía que esto estaba mal pero no pudo frenar
La habitación estaba oscura, solo la luz tenue de la lámpara de noche iluminaba su cuerpo sudoroso mientras ella mordía su labio inferior, sintiendo cómo la tensión se acumulaba entre sus muslos. Él estaba arrodillado frente a ella, sus manos grandes y callosas recorriendo sus caderas con una urgencia que delataba cuánto tiempo había soñado con esto. 'No deberíamos hacer esto', susurró ella, pero sus dedos ya buscaban el cierre de su pantalón, liberando su polla dura como piedra, palpitando contra su palma. Él gruñó al sentir su toque, sus ojos oscureciéndose de lujuria mientras la empujaba contra la cama, separándole las piernas con un movimiento brusco. Su coño ya estaba mojado, resbaladizo, y cuando él hundió su lengua ahí, ella arqueó la espalda con un gemido ahogado, sus uñas clavándose en las sábanas. 'No pares', jadeó, aunque cada lamedura la acercaba más a ese abismo que ambos sabían que no debían cruzar. Sus caderas se movían al ritmo de su boca, buscando más, queriendo más, hasta que él se alzó sobre ella, guiando su verga hacia su entrada. 'Esto está mal', murmuró ella, pero ya era tarde: él la embistió de una sola vez, empalándola hasta hacerla gritar, sus senos rebotando con cada envite. El sonido de su piel chocando resonaba en la habitación mientras él la follaba sin piedad, sus testículos golpeando contra su culo con cada embestida. Ella no podía pensar, solo sentir: el ardor, el placer, la culpa que la consumía mientras sus paredes internas se apretaban alrededor de su verga, ordeñándolo hasta que él se corrió con un gruñido gutural, llenando su vientre con chorros calientes. Cuando él se retiró, ella miró la mancha blanca en su piel, sintiendo aún los espasmos de placer entre sus piernas. Sabía que esto no podría volver a pasar, pero ya imaginaba su próxima cita, cuando él la tomaría incluso más duro, sin importar las consecuencias. La próxima vez, no habría palabras, solo cuerpos chocando, gemidos ahogados y el sonido de su piel sudorosa unida en aquel pecado delicioso.