Dos tetonas se liaron en su primera noche
La morena más joven no podía quitarle los ojos de encima a la cuarentona desde que se conocieron en el bar, pero fue en su casa donde se desató todo. Entre copas y risas la cuarentona le pasó el brazo por la cintura y le mordisqueó el cuello mientras le susurraba que su tanga olía a coño recién mojado. Sin pensarlo dos veces la más joven le arrancó el vestido dejándole al descubierto unas tetas enormes que le temblaban cada vez que respiraba con fuerza. La cuarentona le chupó los pezones duros como piedras mientras le metía dos dedos en el coño empapado, haciendo que la morena arqueara la espalda y soltara un gemido que le salió desde lo más profundo del pecho. La joven, con las bragas empapadas, se le tiró encima y le lamió el clítoris hinchado de arriba abajo mientras le apretaba las tetas con ambas manos, sintiendo cómo los jugos le resbalaban por los muslos. La cuarentona, loca de placer, le agarró la cabeza y la empotró contra su chocha mientras le susurraba obscenidades al oído: 'Chúpame el coño como si fuera el último día, zorra'. Entre jadeos y lametones la joven le metió un consolador negro bien grueso que encontró en el cajón, penetrándola con fuerza mientras le mordía los pezones hasta hacerla gritar. La cuarentona se corrió primero, con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo y le dejó la entrepierna completamente empapada, pero eso solo hizo que la morena redoblara sus esfuerzos, lamiéndole el coño con furia hasta que la cuarentona le agarró las nalgas y se la clavó más hondo. Los gemidos llenaron la habitación mientras ambas se revolcaban en el sofá, las tetas rebotando, los coños chorreando y las bocas buscando sin descanso el placer del otro. Cuando la joven sintió que sus muslos temblaban y el orgasmo le recorría la espalda, se dejó caer sobre la cuarentona y se corrió gritando, con el consolador aún dentro, mientras los jugos le resbalaban por las piernas. La cuarentona le dio un último beso húmedo en la boca antes de que ambas cayeran exhaustas, con los cuerpos pegajosos y los coños palpitantes, sabiendo que esa noche solo había sido el principio de algo mucho más sucio.