Cuerpos sudorosos se calientan en motel caliente
Dillon no pudo resistirse cuando vio a Chris saliendo del baño con el torso aún húmedo, los tatuajes brillando bajo la luz tenue del cuarto. Con un gruñido de satisfacción, el musculoso lo empujó contra la pared pegajosa del motel, sus músculos marcados rozando la piel del otro mientras le lamía el cuello al oído con una lengua jugosa y caliente. Chris gimió fuerte, sintiendo el sabor salado del sudor mezclado con el perfume barato del ambiente, mientras sus dedos se clavaban en los glúteos firmes de Dillon para acercarlo más. La polla de Dillon, gruesa y bien marcada por las venas, se frotó contra su muslo al moverse, dejando una línea de pre-semen que Chris no pudo evitar lamer con ansias, chupando la punta con gemidos ahogados mientras sus propias manos se perdían entre sus piernas, masturbándose sin piedad. Dillon lo agarró del pelo y lo besó con furia, sus lenguas enredadas como si llevaran años sin probarse, mientras la piel de ambos brillaba de sudor y excitación contenida. Chris se dejó caer de rodillas sobre la alfombra manchada, con el culo bien abierto para recibir lo que viniera, y sin pensarlo dos veces se enterró hasta la garganta la verga tatuada de Dillon, sintiendo cómo los gemidos del moreno se volvían más graves y desesperados al sentir su boca caliente y húmeda tragando cada centímetro sin resistencia. Dillon lo empujó hacia la cama estrecha, donde Chris se puso a cuatro patas, mostrando el culo rosado y bien reluciente, mientras su amigo lo abría con las manos para escupirle en el agujero y empezar a empalmarlo sin piedad, metiendo la polla poco a poco hasta que Chris aulló de placer mezclado con dolor, pidiendo más sin vergüenza. Las embestidas fueron brutales, con los cuerpos chocando con un sonido húmedo y pegajoso, la piel de Chris sudorosa resbalando bajo las manos de Dillon mientras este le agarraba las caderas para clavarse más hondo, hasta que sintió cómo el moreno se corría dentro sin condón, llenándolo de leche espesa y caliente que se deslizó por sus muslos mientras ambos caían exhaustos sobre las sábanas arrugadas, con los gemidos aún resonando en el aire cargado de olor a sexo y desesperación.