Ana cabalgando a Steven Hard en una follada anal salvaje de casero
La luz del mediodía entraba por la ventana mientras el sudor perlaba mi espalda pegajosa, el aire espeso de la habitación cargado con el olor a sexo que llevábamos semanas guardando. Cada vez que veía a Steven en el gimnasio, sus ojos cafés me recorrian de arriba abajo, y yo apretaba las piernas sintiendo cómo mi coño se mojaba al imaginar sus manos fuertes agarrando mi culo redondo. Las miradas furtivas en el ascensor, los roces 'accidentales' en la cocina, hasta que una tarde, cuando él llegó con la polla dura palpando bajo los shorts, ya no aguanté más. Lo arrastré contra la pared, le bajé los calzoncillos de un tirón y me arrodillé para chuparle la verga hasta que gimió. Luego lo empujé al sofá, me subí encima y, sin aviso, me clavé su polla enorme en el culo, gimiendo cuando cada centímetro se hundía entre mis nalgas. El dolor ardiente se mezclaba con el placer mientras lo cabalgaba, sus manos marcando mi cintura mientras entraba y salía de mi agujero apretado. Cuando ya no pude más, me dio la vuelta y me embistió desde atrás, golpeando mi trasero con cada estocada hasta que grité, sintiendo cómo su leche caliente me llenaba por dentro. Justo cuando el orgasmo me recorría, lo sentí correrse de golpe, gruñendo mientras vaciaba sus pelotas dentro de mí, y entonces todo se volvió blanco.