La madraste grita llena de leche en su casa
Desde que entró a su casa con ese vestido ajustado que le marcaba el culo redondo, no podía quitarle los ojos de encima. La mamá de mi pequeño amigo me miró con esos labios carnosos entreabiertos y un suspiro que me encendió la sangre, mientras su coño ya se le humedecía sin que yo siquiera le tocara. Levanté su falda de un tirón y le arranqué las bragas empapadas, dejando al descubierto ese coño peludo y palpitante que me pedía a gritos que lo llenara. Ella gimió fuerte cuando mi polla dura le rozó el muslo, pero no se echó atrás ni un milímetro, al contrario, se agarró a la mesa de la cocina con las uñas clavadas en la madera y me pidió que la empotrara sin piedad. La primera embestida hizo que sus tetas enormes rebotaran como gelatina y su voz se quebrara en un aullido de placer, su coño estrecho tragándose cada centímetro de mi verga hasta que sentí sus paredes vibrar a mi alrededor. No tardé en marcarla por dentro con mi leche caliente, llenando su útero hasta que empezó a gotear por sus muslos mientras seguía gimiendo, con los ojos vidriosos y el cuerpo tembloroso. El olor a sexo fresco se mezclaba con el sudor de su piel sudada y el sonido de sus jadeos ahogados en la almohada cuando la arrastré al sofá para seguirla follando hasta dejarla exhausta y completamente satisfecha. Cada vez que me clavaba en su culo prieto, ella arañaba el cuero del sofá y me suplicaba que no parara, que le diera más, que la dejara toda llena de mi leche otra vez. La leche le resbalaba por las piernas mientras yo le mordisqueaba el cuello y le apretaba los pechos con fuerza, sintiendo cómo su coño seguía chorreando incluso después de correrse tres veces seguidas. Al final, cuando ya no pude más, me derramé dentro de ella otra vez, dejando su vientre abultado por la leche que poco a poco se le escurría entre las piernas. Se quedó tirada en el suelo, jadeando y con los muslos pegajosos, mientras yo me limpiaba la polla con su pelo antes de vestirme y marcharme como si nada, dejando atrás solo un rastro de semen y gemidos ahogados.