Mi amigo me llevó a una fiesta de orgía y no pude parar
Mi amigo insistió en que lo acompañara a una fiesta privada que prometía ser inolvidable, y desde el momento en que llegué, supe que no me arrepentiría. El lugar estaba lleno de cuerpos sudorosos, gemidos ahogados y el olor a sexo en el aire, y no tardé en encontrarme rodeada de manos que exploraban cada curva de mi culo perfecto. Un tipo con una polla enorme me empujó contra la pared y empezó a chuparme los pechos mientras otro se arrodillaba para meterme los dedos en el coño bien mojado. Los gemidos escapaban de mi garganta mientras me penetraban por delante y por detrás, sintiendo cómo cada embestida me acercaba al orgasmo. El tipo de atrás me agarró las caderas con fuerza y empezó a embestirme con más intensidad, haciendo que mi cuerpo rebotara contra el suyo. El sonido de la piel chocando resonaba en la habitación, mezclado con los gritos de placer de los demás. Cuando por fin me corrí, sentí cómo mi coño se contraía alrededor de la polla que me follaba, y el tipo no pudo aguantar más, llenándome con su leche caliente. Caí exhausta, pero sabía que la noche apenas comenzaba.