Amiga traviesa me pide que la folle duro esta puta
La muy zorra de mi amiga no pudo aguantarse más y me agarró por el cuello cuando nos cruzamos en la calle: 'Llévame a algún lado y fóllame como nunca, cabrón'. Sus tetas saltaban bajo la blusa ajustada mientras la empujaba contra la pared del callejón, sus pezones duros marcándose bajo la tela fina. Le arranqué el tanga de un tirón y el olor a coño mojado me nubló la cabeza, sus labios rojos y brillantes suplicaban que los chupara sin piedad. Me desabroché el pantalón y su mano ágil me guió la polla gruesa hasta su boca, donde la lengua juguetona me lamió la punta antes de hundirse en mi glande como si buscara el fondo de su garganta. Gemidos ahogados salían de su boca mientras me cabalgaba con los muslos temblorosos, sus caderas rotaban buscando más profundidad en cada embestida. La levanté en vilo con las piernas enredadas en mi cintura y la empalé contra la pared, su culo prieto recibiendo cada golpe como si fuera lo único que deseaba en el mundo. Chorreaba por dentro, el sonido de los cuerpos chocando se mezclaba con sus gritos de '¡más duro, perra!', mientras mis huevos le azotaban el coño a cada envite. La tela del vestido se le subió hasta el cuello y le tapé la boca con la mano para ahogar sus gemidos cuando sentí su coño apretándose como un torno alrededor de mi verga. Corrí mi carga dentro de ella sin preocuparme por nada, su vientre se infló con mi leche caliente y los dos caímos al suelo jadeando, sus muslos pegajosos de nuestros jugos mezclados. La muy guarra aún me pedía más después de correrse dos veces y yo, sin fuerzas pero con la polla más dura que nunca, le prometí que esto solo era el principio del desmadre.