Una brasilera se deja hacer doble penetración en el carnaval
La morena salió del camarote con el vestido pegado al cuerpo sudoroso y el culo bailando al ritmo de la samba, pero lo que nadie esperaba era que se quitara la tanga roja en medio de la calle y les hiciera señas a dos tipos musculosos con camisetas empapadas. Él, un rubio gigante con la polla ya dura como una roca, la agarró por la cintura y la empujó contra la pared mientras su amigo se arrodillaba para chuparle el coño mojado que olía a cerveza y perfume barato. La brasileña gemía como una puta en celo, mordiendo su labio inferior mientras le susurraban al oído que iban a destrozarle el culo y la concha con sus vergas enormes. El primero la empaló de una sola estocada, hundiéndole la polla hasta las bolas en el coño bien lubricado, mientras el otro le escupía en el agujero del culo y le metía dos dedos para abrirla antes de clavarle su grueso tronco sin piedad. Los gritos de la morena resonaban entre la multitud borracha, que se acercaba a mirar cómo le desgarraban el culo con embestidas brutales, dejando salir chorros de leche espesa por todos lados: en la boca, en la cara, en el pelo negro y en el vestido rasgado. Ella tragaba el semen que le escupían en la garganta mientras su coño chorreaba jugos por los dos culos que la destrozaban sin remordimientos, hasta que los dos se corrieron a la vez, llenándole las entrañas con un torrente caliente que le hizo arquear la espalda y soltar un aullido de placer animal. La calle quedó convertida en un lodazal de sudor, leche y lujuria, con la brasilera tirada en el suelo, jadeando y con el culo abierto mostrando el agujero sanguinolento mientras se limpiaba la cara llena de babas y semen. Los tipos, aún con las pollas goteando, se alejaron riéndose y dejándola ahí, convertida en el trofeo sucio del carnaval más caliente que alguien haya visto nunca.