Amiga latina no pudo tragarse mi verga monstruosa y me la chupó hasta correrme
Mi amiga de la universidad siempre me miraba con esos ojos de puta cuando me veía en el gimnasio, pero nunca pensé que iba a terminar con mi polla monstruosa en su boca. Un día, después de una fiesta, nos quedamos solos en su casa y no aguantó más: se arrodilló frente a mí y empezó a chuparme con esa boquita caliente. Mi verga era tan grande que no podía ni tragarla entera, pero igual se esforzaba, gimiendo como una perra en celo mientras sus manos apretaban mis bolas. La saliva le escurría por la barbilla, y cada vez que la metía hasta el fondo, ella ahogaba un grito y se le ponían los ojos llorosos. No aguanté mucho y le llené la boca con mi leche espesa, que se le escurrió por los labios mientras seguía mamándome como una profesional. Después, me la follé contra la pared, sintiendo cómo su coño apretado me apretaba la polla como un guante. Sus gemidos eran tan fuertes que pensé que los vecinos nos iban a escuchar, pero no me importó: solo quería seguir embistiéndola hasta que los dos nos corriéramos otra vez. Al final, los dos estábamos sudados, exhaustos, pero con esa sonrisa de satisfacción que solo se tiene después de un buen revolcón.