Polla negra empotra culo prieto de Ania Kinski sin piedad
Desde que entró por la puerta con esas tetas naturales rebotando bajo la blusa ajustada, él supo que no podía resistirse más: la morena de piel canela y curvas de infarto tenía el culo más prieto y apetecible que había visto en años. Con un tirón brusco le arrancó las bragas de encaje mientras ella se arqueaba hacia atrás, ofreciéndole sin decir palabra el agujero más estrecho y caliente que él había probado jamás. La primera embestida le arrancó un gemido gutural, profundo, que rebotó en las paredes del dormitorio mientras sus tetas, grandes y pesadas, bailaban al ritmo de cada impacto. Ella se aferró a la sábana con los nudillos blancos, los labios entreabiertos dejando escapar gruñidos ahogados mientras él le metía la polla hasta el fondo, tan larga que le llegaba a la garganta cada vez que se hundía en ese culo que parecía hecho a medida para sufrir. El lubricante natural que brotaba de su coño mojado resbalaba por las bolas bien apretadas del negro, que no dejaba de gruñir como animal en celo mientras le clavaba los dedos en las caderas para hincársela más hondo. Ella cambió a posición de vaquera, cabalgando hacia atrás con movimientos lentos y deliberados, pero él la agarró de los pelos y la obligó a quedarse a cuatro patas, demostrando quién mandaba allí. La polla, gruesa como un brazo, se hundía una y otra vez en ese culo prieto que se resistía pero terminaba cediendo, dilatándose con cada embestida hasta que el sonido húmedo de carne golpeando carne llenó la habitación. Los gritos de ella se volvieron incontrolables, mezclados con risitas nerviosas y quejidos de placer cuando él le dio la vuelta y se la clavó de frente, agarrándole una teta con cada mano mientras le mordisqueaba el cuello. El final llegó sin aviso: un gemido largo, casi animal, se le escapó de la garganta cuando notó que él se hinchaba dentro de ella antes de soltar un chorro caliente y espeso que le dejó el culo bien lleno. Ambos quedaron jadeando, sudorosos y pegajosos, con las sábanas convertidas en un desastre de fluidos y telas rotas, mientras se prometían que esto no sería lo último que harían juntos.