Tres vtubers anime se chupan pollas a jóvenes calientes
Las tetas de Chihaya rebotan sin sostén mientras sus manos delgadas se clavan en la entrepierna de un pajillero sudoroso, la polla palpitante a punto de explotar entre sus dedos. Nakiri Ayame, con su uniforme de colegiala ajustado, se agacha y lame la punta gruesa sin perder la mirada de gata, sus labios carnosos dejando hilos de baba al subir y bajar la cabeza con avidez. Fubuki, la de pelo plateado, masturba a dos chavales a la vez, su culo respingón apretando contra la silla mientras sus dedos ágiles aceleran el ritmo de los movimientos. La habitación huele a sexo barato: mezcla de sudor, lubricante y el perfume barato de los videojuegos piratas que dejaron encendidos. Chihaya gruñe y se traga la leche espesa hasta el fondo de la garganta, ahogando un gemido mientras los chorros calientes le bañan la lengua, su cuello temblante al tragar cada gota. Ayame, sin embargo, aprieta los muslos y se masturba contra el borde de la mesa, su coño empapado dejando manchas en la tela del escritorio, los gemidos agudos cortando el aire al correrse sin tocarse. Fubuki no se queda atrás: empuja a los dos pajilleros contra la pared y les ordena que se la metan por el culo, sus nalgas blancas brillando bajo la luz azulada de la pantalla mientras siente cómo le abren el agujero con dedos y pollas a la vez. La leche sale disparada como un géiser, salpicando sus tetas, su cara y hasta el techo, los jóvenes no pueden aguantarse más y corren su carga con gritos guturales, sus cuerpos temblando como gelatina después del subidón. Las vtubers se limpian entre risas, sus cuerpos pegajosos de semen y sudor, mientras los pajilleros se derrumban en el suelo, exhaustos y con los ojos vidriosos, incapaces de creer que acababan de correrse más fuerte que en toda su vida.