Taylor Wild y su hijastro con polla de acero en escena tabú
Te voy a contar cómo fue la primera vez que me monté a mi hijastro Ethan Seeks, ese cabrón de 22 años con una polla que no necesita pastillas para estar dura. Llevábamos semanas mirándonos en la cocina, rozando manos "accidentalmente", y yo ya no aguantaba más el calor entre mis piernas. Un día, mientras él lavaba los platos, me acerqué por detrás, le metí la mano por el pantalón y sentí cómo su verga saltó como un resorte. '¿Te gustaría estar en su lugar?', te pregunto, porque esa polla era mía para chupar, morder y cabalgar. Lo empujé contra la encimera, le bajé los jeans y me arrodillé para tragarme su tronco entero, sintiendo cómo me ahogaba con cada embestida hasta que sus huevos chocaban contra mi barbilla. Luego lo tiré al suelo y me subí encima, dejando que mi coño mojado lo empalara de una sola estocada, rebotando como una puta en celo mientras él me agarraba las tetas y me gritaba '¡más duro, mami!'. En más de 15 minutos de escena, lo monté en todas las posiciones: de perrito, a cuatro patas, hasta que su leche me llenó la boca y el culo al mismo tiempo. La próxima vez, Ethan va a aprender lo que es un buen castigo por ser tan travieso.