Tatuada en tacones se come los pies y la polla dura
La morra lleva los zapatos de tacón más sucios que has visto nunca y una falda que apenas tapa su culo prieto, marcado por las medias rotas que se le clavan en las nalgas cada vez que camina. La muy viciosa se agacha frente a él con una sonrisa perversa mientras se quita los calcetines empapados en sudor, dejando al descubierto sus dedos largos y uñas pintadas de negro que brillan bajo la luz tenue del sótano. Él no puede evitar soltar un gemido ronco al ver cómo se lame los labios antes de agarrarle la polla ya bien dura que le late en la mano con cada latido de su corazón acelerado. Ella empieza a pasarle la planta del pie por el glande, frotando la piel áspera y sudada contra su carne sensible, mientras con la otra mano le masajea los huevos apretados que le tiemblan de ganas. Cada vez que le lame la punta de la polla con la punta de su pie, él suelta un gruñido animal y le agarra del pelo teñido de azul para empujarlo más cerca, pero ella se zafa con un movimiento ágil y le ordena con voz de mando que se quede quieto como un perrito bueno. La tía se sube a la mesa de madera llena de manchas de grasa y se inclina hacia atrás con las piernas abiertas, mostrando su coño ya empapado mientras se acaricia los pezones duros bajo la camiseta ajustada con los pies desnudos. Él no aguanta más y le sujeta los tobillos con fuerza, clavándole los tacones en los muslos mientras le lame el coño desde abajo, saboreando el sabor salado de su excitación mezclado con el sudor de sus pies. Ella grita cuando le mete un dedo gordo en la boca del coño mientras con el otro pie le aplasta la polla contra su cara, obligándolo a chupar sus dedos mojados y a tragarse su propio sabor antes de correrse con un chorro grueso que le salpica los pies descalzos y las piernas tatuadas.