Sueños húmedos de la mujer maravilla ardiendo
Los pechos de la superheroína se le erizan nada más cerrar los ojos, imaginando cómo le clavaría la polla hasta dejarle el coño rojo y tembloroso. El cuerpo se le enrosca solo al recordar los gemidos ahogados que se le escapan cada vez que sueña con que le empotran contra la pared del salón, con los muslos bien abiertos y las uñas arañando el cuero de su traje ajustado. Le late el clítoris como un tambor mientras se muerde el labio inferior, imaginando que su boca chupa con avidez la verga gruesa y palpitante de su amante imaginario, que le susurra obscenidades al oído mientras le clava los dedos en las caderas. Se le escapa un jadeo cuando nota cómo el líquido caliente le resbala por el muslo, empapándole el tanga de encaje, y se aprieta contra el colchón al sentir cómo la imaginación le dibuja una escena donde él le levanta una pierna y le mete la polla de un tirón, sin piedad, haciendo que los dos se corran a gritos en medio de un charco de sudor y fluidos. El sonido húmedo de los cuerpos chocando, el olor a sexo y piel sudada, el tacto áspero de sus manos agarrándole el culo mientras la llena hasta el fondo sin dejar espacio para nada más que el placer puro. Se retuerce entre las sábanas revueltas, mordiendo la almohada para ahogar los gemidos que le suben por la garganta, con la espalda arqueada en un espasmo de deseo incontrolable. Imagina cómo le chupa los pezones duros mientras le mete dos dedos en el coño empapado, moviéndolos rápido como si ya supiera que ella no aguanta más y necesita correrse ya, sin importarle si la despertarán los vecinos. El orgasmo le recorre el cuerpo como un rayo, dejándola temblorosa y jadeante, con las piernas temblorosas y el coño palpitando mientras la humedad le empapa las sábanas sin remedio. Hasta en sueños, esa maldita superheroína no puede escapar de la necesidad de que la llenen, la marquen y la hagan gemir hasta quedarse sin voz.