Sakazuki y Kujaku empotradas como putas en anime
Sakazuki no podía aguantarse más después de ver cómo ese culo prieto de Kujaku se le movía cada vez que se inclinaba a recoger sus lápices de colores. La había espiado mil veces mientras dibujaba en su escritorio, mordiendo el labio inferior con una tinta de lujuria que le escurría entre los muslos. Sin mediar palabra, se acercó por detrás y le arrancó el uniforme de colegiala, dejando al descubierto unos pechos pequeños pero duros que temblaban de anticipación. Kujaku jadeó cuando sintió los dedos gruesos de Sakazuki hurgando entre sus pliegues, ya empapados por el calor de su excitación. Él la empujó contra la pared del estudio, le abrió las nalgas con las manos y le clavó la polla hasta el fondo sin avisar, arrancándole un chillido ahogado que resonó entre los cuadros de anime colgados. Las embestidas eran brutales, cada golpe seco le sacudía el vientre y le hacía morder el puño para no gritar como una puta descontrolada. Sakazuki le susurraba al oído lo buena que estaba, cómo ese coño estrecho lo apretaba como un guante, mientras le agarraba de las caderas para hundirse más adentro. Kujaku se corría en oleadas, el clítoris hinchado le palpitaba con cada embestida, y cuando Sakazuki le dio la vuelta para follársela boca arriba sobre el suelo de tatami, ella solo pudo abrir las piernas y recibirlo como una perra en celo. La polla entraba y salía con un sonido húmedo, resbaladiza por los jugos que le goteaban hasta el culo, y cuando él le ordenó que se corriera otra vez, ella se dejó caer sobre su pecho sudoroso, temblando, mientras la leche espesa le llenaba el coño hasta rebosar por los muslos. Sakazuki no se detuvo hasta que ambos quedaron exhaustos, con las piernas temblorosas y el aliento entrecortado, él recostado contra la estantería de mangas y ella con la cara enterrada en su entrepierna, lamiéndole los huevos aún tiesos mientras se reía como una loca.