Chica anime con tetas enormes bailando sexy
Desde que la vio por primera vez en aquel video de dibujos donde se le marcaban los pezones al ritmo de la música, no pudo sacársela de la cabeza. La polla se le puso dura al instante, imaginando cómo sería bajarle ese ajustado vestido de colegiala para dejarle los tetones al aire y chupárselos despacio mientras ella gemía como una puta cachonda. En la pantalla, la rubia de ojos grandes se movía con movimientos exagerados, contoneando ese culo respingón que le hacía babear como un perro en celo, y no pudo resistirse más: se masturbó furioso imaginando que era él quien la tenía empalada contra la pared, dándole estocadas profundas que le hacían gritar su nombre mientras las tetas le rebotaban sin piedad. Cuando por fin la tuvo frente a él en un bar de cómics, con ese disfraz de personaje de anime que apenas le tapaba los pezones, no necesitó ni hablar: la agarró del pelo y la arrastró hasta el baño, donde le arrancó el tanga de un tirón y le clavó la verga hasta el fondo mientras ella se ahogaba en un gemido ronco. La morena no opuso resistencia, al contrario, abrió las piernas de par en par y le suplicó que la follara más fuerte, con esos muslos temblorosos y el coño tan mojado que ya le chorreaba por los muslos. Él no se hizo de rogar y empezó a embestirla como un animal, cada envite le hacía sacudir esas tetas gigantes que botaban con cada golpe, mientras ella le mordía el hombro para no gritar demasiado fuerte. El olor a sudor y a sexo llenaba el ambiente cuando ella, con los ojos vidriosos de placer, le ordenó que se corriera dentro de su coño caliente, así que él aceleró el ritmo hasta que ambos explotaron en un orgasmo brutal que los dejó jadeando contra los azulejos del baño. Cuando terminaron, ella se quedó sentada en el suelo con las piernas abiertas, mostrando cómo le goteaba el coño lleno de leche espesa, mientras él le lamía los pezones duros y le susurraba al oído que quería repetirlo pronto.