Polla dura con piercing se masturba con furia
El chico peludo ya llevaba horas mirando su reflejo en el espejo del baño mientras se pasaba la lengua por los labios y se agarraba el paquete con fuerza. Con la polla bien dura y el piercing brillando bajo la luz tenue, no pudo resistirse más y se sentó en el borde de la cama con las piernas abiertas, dejando que la cabeza enrojecida se le escapara entre los dedos. Se la acariciaba despacio al principio, pero pronto la mano empezó a moverse con más urgencia, dibujando círculos alrededor del glande mientras gemía bajito y se mordía el labio inferior. El anillo metálico le rozaba la piel cada vez que se apretaba los huevos, que le colgaban pesados y llenos bajo el tallo grueso de su verga. Cuando por fin se la clavó bien dentro del puño cerrado, los tatuajes de su brazo se tensaron con cada embestida imaginaria que le daba a su propia carne palpitante. Los gemidos se le escaparon más fuertes cuando se imaginó a algún macho duro empujando esa verga enorme contra su culo apretado, y entonces la mano izquierda se le fue directa a los huevos, apretándolos con fuerza mientras la derecha no paraba de trabajar la polla hasta dejarla completamente morada y brillando por el líquido preseminal. El sudor le corría por la espalda mientras se la sacudía con más violencia, sintiendo cómo el piercing le golpeaba el glande con cada tirón rápido. Ya no podía aguantar más, así que se dejó caer hacia atrás sobre la cama, con las piernas temblorosas y la polla apuntando al techo como un poste de bandera, lista para reventar en cualquier momento. Con un último tirón brutal, el primer chorro de leche espesa le salió disparado hacia el pecho, seguido de otros dos más que le salpicaron la cara y el cuello, dejando su cuerpo temblando y jadeante mientras se quedaba ahí tirado, con la polla aún palpitante y el piercing manchado de su propio semen caliente.