No aguanté más y me la follé cuando la vi en ropa interior
El sonido de sus tacones resonó en el pasillo antes de que la viera: Sybil Kailena, mi vecina, con esa ropa interior de encaje que apenas cubría su culo perfecto. Mi polla saltó como un animal enjaulado, lista para romperla. Me acerqué sin pensarlo, le ordené que se arrodillara y sacara la lengua. Ella obedeció al instante, sus labios rosados temblando. Le metí la polla hasta el fondo de la garganta, sujetándole la cabeza para que no escapara. 'Traga, puta', le escupí, sintiendo cómo se ahogaba con mi verga gruesa. La puse a cuatro patas, le separé las nalgas y le enterré los dedos en su coño mojado antes de empalarla de una sola estocada. Gritó, pero le tapé la boca con la mano. 'No te corras sin mi permiso, perra', gruñí mientras la embestía con fuerza, sintiendo cómo sus paredes se cerraban alrededor de mi polla. Sus tetas bamboleaban con cada golpe, sus gemidos ahogados en mi palma. Cuando no pude aguantar más, la saqué, le puse la cabeza contra las sábanas y le vacié toda mi leche en la espalda. 'La próxima vez, te haré tragar hasta la última gota', le susurré mientras se retorcía bajo mi peso.