Mary Butterfly disfruta de su enorme consolador mientras te mira a los ojos
Mary Butterfly no podía aguantar más la tensión que llevaba acumulando estos últimos días. Cada vez que se cruzaban miradas, cada roce casual, cada palabra susurrada a escondidas, todo parecía conducir a este momento. Ahora, frente a ti, sus curvas voluptuosas se marcan bajo la ropa, pero no tarda en desnudarse, mostrando esa piel cálida y esos pechos pesados que rebotan al menor movimiento. Te la comes con los ojos mientras se recuesta, separando las piernas para que veas su coño ya mojado de anticipación. Agarra el enorme consolador con ambas manos, lo acerca a su entrada, y lo introduce de una sola estocada, dejando escapar un gemido agudo al sentir cómo la llena por completo. Mueves las caderas para que lo sienta más dentro, más fuerte, cada penetración acompañada de un sonido húmedo que te pone aún más dura. Sus tetas enormes saltan al ritmo, los pezones duros como piedras, y te clava las uñas en los hombros cuando acelera el movimiento. No puedes apartar la vista de cómo ese trozo de plástico le parte el coño en dos, cómo la hace temblar cada vez que lo hunde hasta el fondo. Te mira fijamente, mordiéndose el labio, y sabe que estás a punto de estallar. Aumenta el ritmo, gime más alto, y cuando el juguete roza su punto G, pierde el control, arqueando la espalda mientras se corre con espasmos violentos. La sirena suena a lo lejos, pero ni siquiera eso la detiene. El orgasmo la deja sin aliento, los muslos temblando, y justo cuando crees que ya no puede más, te atrae hacia ella para que le des lo que realmente quiere...